MIKEL ERENTXUN

Mikel Erentxun

MIKEL ERENTXUN

“El  Hombre Sin Sombra”  es el último trabajo discográfico  de Mikel Erentxun   que se publicó el 19 de mayo 2017. Con este disco fue nuevamente nominado en 2017 a los prestigiosos premios Latín Grammy como mejor álbum Pop/rock

Así lo define el propio Mikel Erentxun:

“El Hombre Sin Sombra” Es un retrato fiel de mis gustos musicales y sentimientos personales.

“El Hombre Sin Sombra” Es un disco que habla del amor y sus consecuencias….

El 26 de enero de 2018 se publicó la reedición de este disco más un directo grabado en ROXY, la mítica sala de Los Angeles (USA)

“El hombre sin sombra”.

Un álbum grabado, producido e interpretado a medias con Paco Loco, en sus estudios de El Puerto De Santa María, Cádiz. Las mezclas corrieron a cargo de John Agnello, y el mastering lo hizo Greg Calbi en Sterling Sound, NY.  Es decir, el mismo equipo técnico que su anterior trabajo, “Corazones”.

“El hombre sin sombra” ha sido grabado en sistema 8 pistas, analógico, cuenta con la colaboración de Maika Makovski y contiene 12 canciones.

NOMINADO A LATIN GRAMMY 2017 MEJOR ALBUM POP-ROCK

No es casual que El hombre sin sombra arranque con “El principio del final”: con esta canción se anuncia todo lo que vendrá, lo que será este disco, un tratado de amor y desamor, que es el reverso del amor, el lado que escuece, pero también el del anhelo y la esperanza. Y abre esta canción porque Mikel Erentxun —que de discos, a estas alturas de la contienda, nadie tiene nada que explicarle— sabe que hay que atrapar al oyente sin dilación, sin guardarse cartas, y qué mejor que hacerlo exponiendo todas las emociones de golpe en una composición sublime, pero sencilla, que habla con sinceridad del dolor que inflige la decepción, el desconsuelo. De paso, una tuba tiñe de tristeza algunos pasajes, mientras la voz de Maika Makovski se pega a la de Erentxun en una formidable interpretación puesta en pie con lo mínimo.

Y así, desde el principio, tenemos expuestos algunos de los ejes sobre los que gira El hombre sin sombra: letras intensas, de amores rotos pero que todavía palpitan con fuerza, instrumentación básica (con amplia presencia de guitarras acústicas) apoyada cada tanto en vientos y cuerdas, y la voz femenina de Maika Makovski subrayando la de Mikel, como en muchas obras canónicas del rock y el pop. Porque aunque Mikel siga un camino recto como compositor e intérprete, el creador no cede e intenta sumar novedades en cada entrega, aportar nuevos colores a una obra que es eslabón de cadena personal.

Pero hay más, porque lo que nos aguarda en El hombre sin sombra es el Mikel Erentxun de las grandes canciones, el que maneja como un gigante ritmo y melodía, el que desde hace un tiempo ha recuperado el pulso (o el instinto) de escribir las letras de sus propias canciones, el que canta con sensibilidad pero desde la naturalidad, el que gusta de los sonidos clásicos, oscilando entre el rock and roll, las grandes baladas —esas que no tienen edad, ni pueden adscribirse a género alguno más que al de la belleza— y al que, inevitable, se le cuelan cada tanto ecos de Duncan Dhu, que es tanto como decir una parte de sí mismo y una de las cimas sonoras de la historia de nuestro pop.

Un trabajo en el que Mikel repite producción con Paco Loco, como en el celebrado Corazones, y que confiesa ha sido “el disco más relajado que he hecho nunca en el estudio”, con el que pretendía alejarse de la sónica del anterior y buscar, abiertamente, lo acústico, incluso para los temas más claramente de rock and roll, remitiendo a esos orígenes del género que tanto le gustan. “Ha sido tocado con guitarras acústicas porque esa quería que fuera la base del álbum, buscaba un disco acústico, con sonido minimalista y sencillo. Además, me encanta el rock and roll tocado con acústicas. Claro, también tiene que ver con los miles de conciertos acústicos que me he pegado estos años”. Para reafirmar esa idea, incluso al cantar ha pretendido no forzar la voz. Porque se trataba de eso, de no forzar nada, de que todo fluyera con sencillez, que las palabras (y Mikel ha entregado algunos de sus mejores versos) y la música lo invadan todo.

El resultado son doce canciones que enganchan precisamente por esa búsqueda del menos es más, con la seguridad de que son las canciones las que deben conmover al oyente, sin grandes aditamentos. Así, aquí encajan desde baladas supremas como “Azar y física” (tan breve como estremecedora) y “Libélulas” (sencilla y cruda, pero arreglada con un gusto exquisito) a muestras de folk pop contemporáneo como las de “Cicatrices”, “El amor te muerde los labios al besar” y “Deshielo”, en las que las guitarras eléctricas se dejan ver con más intensidad. O el rock and roll de la escuela original de “Dos estrellas” (con un Erentxun infrecuente, pero que lo borda cuando asume ese papel: el de narrador de historias ajenas) en convivencia con imponentes y sobrecogedores cortes de hechuras clásicas, como “Llamas de hielo”, que pueden remitir a esos grandes vocalistas que, hijos del rock, buscaron su lugar en los baladones matadores (Roy Orbison o Chris Isaak son dos ejemplos, por aquello de citar referencias), derivando incluso al más incandescente soul blanco en “Tienes que ser tú” (una de esas canciones a las que, ¿apostamos?, el tiempo dotará de la mejor solera y hará crecer en el recuerdo del oyente).

Como está presente ese Erentxun indefinible, porque a estas alturas, lo quiera o no, es él mismo, el que ha forjado un cancionero que lleva grabado a fuego su marca personal, indeleble y única, que oscila de la duncandhuniana “Y sin embargo te quiero” a la amarga pero ilusionada “Héroe”, la abrasadora “El principio del final” (con guiño a Dylan en los primeros versos y reflejos musicales suyos) o a la casi evanescente “Enemigos íntimos”.

Con El hombre sin sombra Erentxun ratifica una vez más porqué ocupa un lugar dorado en la historia del pop español. La respuesta son las canciones, la verdad despojada de subterfugios que esconden, la belleza melódica, el mimo con el que las trata. Y la voz. Sí, porque también es esencial esa garganta dúctil que es instrumento único y privilegiado, inimitable, de los que no pueden comprarse en la tienda de la esquina, y que él ha sabido domar para que se expanda y arañe en el rock y se contraiga y acaricie en la balada. Una voz que es parte de nuestra memoria, de nosotros mismos, como sus canciones. Y estas son, otra vez, de las que permanecerán.